>> 2010-03-14 | Espectaculos

Un atlas oral desarrollado desde el cyberespacio y en forma colectiva

• La docente universitaria e investigadora Liliana Daviña comparte su opinión al respecto • Pros y contras de los wikis en las red para el desarrollo de investigaciones • 

POSADAS. Recorrer puntos recónditos de la geografía planetaria o husmear cómo se ve la terraza da nuestra casa con el Google Earth; asistir a una muestra, recital o manifestación en Second Life y competir en los más variados juegos de rol con desconocidos en todo el globo son actividades muy comunes que, hasta se podría decir con nostalgia, pertenecen a esa primera década del milenio en la que la humanidad trataba de entender la virtualidad.
Una pantalla de cristal líquido y una conexión a Internet son suficientes para convertir cualquier espacio en una Terminal que hace treinta años los guionistas de Stargate y ni siquiera Wiliam Gibson en la más descabelladas de sus propuestas cyberpynk hubieran sido capaces de imaginar.
En este contexto de virtualidad son también muy comunes los contenidos wiki, sitios web desarrollados colectivamente. Wikipedia es sin dudas el más conocido de estos exponentes, aunque ejemplos sobras.
A mediados del año pasado el sitio wikilengua.org, un portal que presenta como “un recurso sobre el uso del castellano, donde se pueden consultar, con una orientación esencialmente práctica, dudas frecuentes y que se puede ir extendiendo y corrigiendo con la colaboración de la propia comunidad”, propuso la participación colectiva, desinteresada y anónima en la construcción de un “Atlas oral”.
Del mismo modo que millones de internautas cargan videos, fotos y todo tipo archivos, se pide que los interesados en participar suban archivos de audio que reflejen las formas de hablar particulares de cada región del planeta.
La versión del atlas en español se lanzó el año pasado y aún está transitando sus primeros meses de vida, peleando por hacerse un lugar en la nube.
En Misiones PRIMERA EDICION consultó a la licenciada Liliana Daviña, reconocida referente sobre temas lingüísticos, investigadora y docente de la UNaM. “Conformar un Atlas oral del español en el espacio virtual con los aportes de los internautas es un proyecto ambicioso, entusiasta y con un fin muy elogiable: registrar en grabaciones tomadas por los propios hablantes y subidas al sitio. Este reciente proyecto es patrocinado por la Fundación BBVA, la Real Academia Española (RAE) a través del Centro Virtual Cervantes, en alianza también con la Universidad Autónoma de Madrid. Es decir, en lo técnico, académico y financiero cuenta con los máximos respaldos para un emprendimiento europeo de incidencia global”, considera la profesional acerca de su primera impresión sobre la propuesta.

Ventajas para los investigadores
“La idea del atlas no es nueva; por mucho tiempo los investigadores han confeccionado atlas lingüísticos de países, regiones y continentes, muy valiosos para una visión macroespacial”, cometa Daviña al tiempo que advierte sobre dos limitaciones a las que siempre tuvieron que hacer frente los investigadores: “El costo de estar en terreno, en tiempo acotado, y cierta reticencia de colaboración en la obtención de materiales” por parte de las personas por miedo al ridículo.
La “segunda limitación se refiere a la duración de validez del archivo en relación con el tiempo histórico: una vez obtenido los registros, volcados a gráficos, escritos y publicados, el hallazgo queda sometido a la incertidumbre respecto de cuánto durará este estado temporal del habla, cuándo empezarán nuevamente los cambios y cuáles se mantendrán”, señala la profesional, al tiempo que advierte que de “esta vieja idea alcanza una forma óptima gracias al soporte de red que amplía su acceso y se abre a la participación; la forma virtual de exponer y almacenar las voces en audio es un verdadero prodigio de inmediatez y vivacidad, una oportunidad del desarrollo tecnológico que optimiza al máximo el trabajo con el habla popular. Y si se mantuviera abierto y disponible por un tiempo considerable, crecería de manera excepcional su posibilidad de actualización y memoria”.
“Este proyecto se incluye en el espacio Wikilengua, que se presenta como una plataforma para compartir conocimientos sobre la lengua en estado práctico y usos diversos. Con objetivos más normativos, de análisis y corrección de equívocos, actualización de reglas ortográficas y formas de estilo, este lugar en el ciberespacio se propone ‘enriquecer el uso y estilos’ proveyendo herramientas didácticas para los lapsus, erratas y dudas que los usuarios sugieren, recibiendo consultas a los especialistas para lograr que el español ‘mejore’. En eso, tendrán los usuarios que animarse a registrar tal y como la gente habla, sorteando la intimidación que un espacio, fuertemente emparentado con la RAE y su histórico poder legislativo y judicial sobre el español, podría provocar los hablantes comunes”.

Cuantos más... mejor...
“Es deseable que la invitación sea aceptada y que haya muchas participaciones. Se les promete anonimato, se asegura que todo será parte de un colectivo comunitario, y que quedará guardado en un historial. Y es evidente el potencial instrumental de este virtual archivo”, precisó Daviña antes de lanzar una serie de observaciones muy interesantes, teniendo en cuenta de quién vienen.
“Siguiendo las instrucciones, parece sencillo subir el registro oral, pero aquí viene mi última duda: ¿procesarán lo recibido; se publicarán sin filtros o, cuáles criterios guiarán una selección -si la hubiera- ? El responsable del sitio, Javier Bezos, no ha mencionado esto tan nítidamente”.
La investigadores hace hincapié en que algunas de las reglas de juego son poco claras y dificultan advertir el verdadero rumbo que tomaría el proyecto y por sobre todo los intereses que se encuentran detrás.
“Por el momento, sólo se accede a depositar la contribución ‘al tesoro de la diversidad’, y se nos pide confianza en el valor científico, político y utópico de esta oferta de contribuir/compartir. Hubiera sido deseable que nos contaran, a los interesados profesionalmente por lo mismo, cómo harán esa mediación, para que la información y el conocimiento compartido no escamotee ese sensible paso…. Porque entre los que aportan y los que leen, está el trabajo de un conjunto de personas que sólo se expresa en los resultados de pantalla. En esto de contribuir con las ‘empresas españolas’ tenemos lastimosa experiencia desde Latinoamérica, desde 1492 y en esta era de negocios globales también”, indicó la docente sobre su impresión respecto a la convocatoria, haciendo un balance entre los aspectos positivos y los no tanto.
“A pesar de las estas observaciones, resulta auspicioso que, quienes tienen los medios para hacerlo, inicien un camino. Mejor sería si todas las cartas estuvieran sobre la mesa, para todos”, finalizó. El Cervantes también
Un proyecto audiovisual del Instituto Cervantes, abierto a la participación ciudadana con vocación de recopilar en su página web los acentos de hispanohablantes de todo el mundo y de distintos perfiles sociales, se estrenará próximamente bajo el nombre de “Catálogo de voces hispánicas”.
El proyecto contiene hasta ahora 28 muestras del español hablado en 17 países de Hispanoamérica, pero se irá ampliando en los próximos meses hasta llegar al menos a 106 muestras preestablecidas, incluyendo los acentos de hablantes de otras lenguas cuando usan el español como: japonés, chino, árabe, francés y ruso, entre otras.
Desde Argentina, un arquitecto bonaerense, un artesano, un cantador popular y una guardabosques de la Isla Grande de Tierra del Fuego son los que ponen voz al acento del país.
Su principal diferencia con el de wikilengua es que no plantea un desarrollo colectivo, sino una simple colaboración. Un proyecto con aciertos y errores
Daviña manifestó que “cada vez que se asume el rol de poder que otorga el lugar de investigador/estudioso, la asimetría puede provocar intimidación, pues son tantos los prejuicios de subestimación y control que pesan sobre el hablar, que es esperable este tipo de reacción. En ese sentido, las sugerencias que se presentan para participar y subir material apuntan a esto: tratan de despejar los potenciales obstáculos y distorsiones que los mismos hablantes hemos aprendido a tener (menospreciar, estigmatizar) sobre nuestro modos de decir (eso de pronunciar mal, por ejemplo). Entonces, resulta interesante ver cuántos aportes se suman por esta vía, sobrepasando los preconceptos que cercan y menoscaban las formas cotidianas de hablar”.
Por otra parte, la licenciada hace un señalamiento a los responsables del sitio: “Invitan a los usuarios a ‘registrar sonido’ y las palabras dichas, habladas, no son simples sonidos como otros (la respiración, el silbido, la tos o el estornudo son sonidos humanos). Las palabras son formas verbales, signos lingüísticos y tonales, o al menos, el peculiar sonido verbal articulado que toma la forma de una lengua como español, el portugués o el italiano, por ejemplo. Quizá los escenarios sonoros donde hablamos (la calle, un bar, una cocina) estén presentes en esas grabaciones, entonces sí la voz y su entorno sonoro completarían acabadamente la vida social de la palabra”.