>> 2010-08-27 | Información General
El fenómeno de la intrusión en Los Lapachos
• El predio privado fue “loteado” por los ocupantes, que llegaron en varias “oleadas”, la mayoría es de Posadas y hay algunos del interior • Apuntan a “punteros políticos” •
POSADAS. Casi un centenar de familias pueblan ya de forma irregular un amplísimo predio de propiedad privada que se encuentra frente al barrio Los Lapachos de esta ciudad, cuyos vecinos viven en una inquietud permanente por lo que pueda significar la pervivencia de este asentamiento junto a lo que hasta hoy sigue categorizado como un “barrio residencial” (por lo que se pagan impuestos altos) pero que automáticamente, por la presencia de los intrusos, quedó desvalorizado hasta en un 20%, según calculan.El terreno comenzó a ser ocupado de forma irregular, pero también aislada, hace ya varios años; a estos “veteranos” se los puede reconocer porque ya introdujeron mejoras e incluso armaron sus pequeñas huertas. Pero de unos dos meses y medio a esta parte, el lugar se convirtió en una suerte de “boom inmobiliario”, ya que oleadas de familias humildes, changarines y desocupados comenzaron a delimitar “sus” espacios y a levantar sus precarias casillas. El último gran desembarco se produjo tras las últimas lluvias, hace ahora dos semanas, pero los intrusos siguen llegando de a poco. Algunos ya están instalados plenamente y otros recién están acondicionando las casillas antes de ocuparlas con toda su numerosa familia (ver abajo).Enfrente -al otro lado de la avenida empedrada Juan José Paso, en un barrio también humilde, de clase trabajadora que en su momento apostó a ser dueña de terrenos por entonces poco costosos y que hoy cobraron mayor valor por la expansión de Posadas hacia esa zona y sobre todo por los quince años de esfuerzo de los vecinos por mejorar su entorno- el enojo es grande, por temor al deterioro de su calidad de vida (dicen que el humo ya es insoportable, por ejemplo) pero sobre todo por su propia seguridad. Hoy, por ejemplo, temen salir de noche a la vereda e incluso a la mañana temprano, cuando aún está oscuro, y necesitan ir a trabajar.Como en cada vez más puntos de la provincia, allí está instalado el rumor de que los ocupantes de enfrente proceden de la Villa 31 de Buenos Aires. Pero PRIMERA EDICIÓN estuvo ayer en el lugar y comprobó que -tal cual había anticipado la presidenta de la comisión vecinal- las familias son casi todas de la zona, algunas del interior misionero pero mayoritariamente llegadas de otros puntos de Posadas. También desde la Municipalidad local -que realizó un relevamiento social- confirmaron esto.Lo que sí sorprende a todos por igual es el nivel de organización con el que se levanta el nuevo asentamiento: el amplio terreno está totalmente parcelado, con “vallados” de tacuara y alambre como divisorias entre “cada” lote ocupado. A pesar de que los intrusos consultados aseguran que no los llevó nadie al lugar, sino que son gente que necesitaba un lugar donde vivir y al pasar por allí encontraron una oportunidad de asentarse, los vecinos de Los Lapachos están convencidos de que “alguien los está trayendo”. Algunos van más allá y muestran su bronca porque “usan a la gente para la política”.“Algún puntero hay detrás de esto, sino, no se entiende que estén tan organizados, que les hayan proporcionado la madera y que incluso a algunos ya les han bajado la luz”, deslizó uno de los vecinos de Los Lapachos que tiene frente a su casa al nuevo asentamiento. “De vez en cuando vimos pasar a la noche camiones de la Municipalidad”, completó en voz baja. Desde la comuna, por supuesto, desmintieron esta y otras versiones.
Una franja que plantea sospechasUna veintena de familias trabajaba ayer por la mañana en el predio ocupado para acondicionar las casillas en las que tienen previsto instalarse. Cada una tiene una historia que contar, pero con un denominador común: la desesperación, ésa que -aseguran- los llevó hasta allá. Las carencias habitacionales en Posadas quedan al desnudo cuando tanta gente (desde changarines hasta beneficiarios de planes) decide usurpar un terreno privado y convertirlo en una “villa”, sabiendo que en cualquier momento los pueden sacar de allí pero -según aseguran- dispuestos a pagar (en la medida de sus posibilidades) por el espacio que ocupan. Es que, dicen, su única alternativa es alquilar (para lo cual no les alcanza la plata) o vivir de “prestado” en algún lugar. “Estamos hartos de eso. Nuestros esposos trabajan, pero en negro; los chicos van a la escuela; por eso queremos un terreno propio, aunque tengamos que pagarlo”, explican a dúo las cuñadas Sonia Arévalo y Sonia Morel, que tienen seis y tres hijos cada una. “Yo todavía no me instalé porque acá están tomando agua de vertiente y muy sucia. Queremos unirnos los vecinos para que nos den luz y agua”, completó la primera de ellas.El changarín Miguel Torres, entretanto, se enojó porque hay todo un sector que “agarró gente que trabaja bien, que no tiene necesidad, y no dejan que entre nadie”. En efecto, hay toda una franja -la primera línea sobre la avenida Paso, frente al barrio- loteada, pero deshabitada, con el lugar marcado para las viviendas, pero sin que éstas se hayan levantado. “Me parece que ésos quieren hacer plata con los terrenos”, deslizó Leonel (49), quien hace diez años dejó la chacra porque no le rendía y llegó a la capital en busca de changas, hoy casi inexistentes.