>> 2010-08-28 | Espectaculos
“No te voy a dejar un testimonio que vale oro. Apagá el grabador”
• Fue realizada en Uruguay y publicada por el diario “El observador”, de ese país • El autor de “Muchacha punk no se calla nada” •
¿Por qué cree que Argentina ha vivido en estado de constante crispación? Eso ya lo explicó Tulio Halperín hace muchos años. Argentina está desde la organización del Estado en un estado de guerra civil larvada.Acá no hubo desempates, los ganadores no consiguieron la victoria y aparecieron nuevos jugadores, porque no había movimiento obrero.Entonces, no hay consenso. Es un Estado muy raro: no hay consenso, pero se puede fabricar consenso a través de la televisión. Como dice Leonardo Favio, el negocio argentino no es hacer dulce de boludo, porque materia prima nos sobra (ríe).
Hablemos un poco del festival Eñe. ¿Para qué sirveninstancias como esta? Para nada, para muy poco. Lo que tienen de bueno es que uno viene a estos lugares y, por ejemplo, puede conocer a Yuri Herrera, que para mí es uno de los escritores más interesantes de América Latina porque es un tipo que escribe bien, tiene ideas originales, cubre temas que los demás no cubren y, además, sabe literatura, entonces trabaja bien con el lenguaje. ¿Viste que hay escritores que no saben nada y escriben excelente, tipo García Márquez?
¿Que no saben nada? Nada de nada, no saben lo que es un sustantivo. También hay profesores de primer nivel, de todas las especialidades que puedan confluir en la literatura y escriben como el culo. Pero no es muy frecuente que un buen escritor tenga una buena formación sin deformaciones académicas.Entonces, en este festival de golpe me encuentro con Herrera o con Antonio Jiménez Morato, un crítico que me interesa y que a veces pasa desapercibido porque es petiso.
Continuando con la literatura, usted se crió escuchando hablar de Jorge Luis Borges, de Adolfo Bioy Casares y de Roberto Arlt.¿De quién le gustaría que escucharan hablar sus nietos? De Schuman, Mozart y Schoenberg. La literatura es un tic burgués: se puede vivir perfectamente una vida feliz sin ella. Los juegos de palabra, los cuentitos de la abuela, las canciones del Indio Solari y los chistes verdes también son literatura. Pero se puede vivir sin la boludez de la novelística, la cuentística y la ensayística.
¿Pero para qué le sirve la literatura a usted en este momento? Siempre he creído que es lo único que me sale bien, porque todo lo demás lo hice mal, entonces me sirve para decir: “Bueno, algo bien hice”.
¿Como asesor de marketing cometió muchos errores?Hice cagadas espantosas, además de errores técnicos y profesionales. Manejé mucha plata y en una época fui muy cocainómano. La mezcla de dinero y cocaína es explosiva.
¿Y con la literatura?Fue un “aprendizaje muy lento, pero creo que tuve mucha suerte.
El suplemento cultural del diario La Nación ha dicho que usted puede ser “impredecible, salvaje y hostil” y ha agregado: “Pero con sus hijos y con los hijos pequeños de los demás es una persona atenta, entusiasta, emocional, lógica y laboriosa.Este personaje inefable corre el riesgo de tapar con una gestualidad digna de Dalí la legitimidad de su arte”. ¿Está de acuerdo con eso? Sí, con todo, sí. Una vez, durante un cambio de gobierno, un movimiento militar dentro de un proceso militar, subió un general que tenía fama de ser inteligente pero no lo era: se llamaba Roberto Levingston y era un intelectualoide. Ese tipo le dio el Ministerio de Economía a un tipo de izquierda, el doctor Oscar Alende, que simpatizaba con la revolución cubana. Con la llegada de él, un montón de tipos de izquierda, socialistas, por ejemplo, alcanzaron puestos claves. Uno de ellos fue a parar al Ministerio del Interior de la provincia de Buenos Aires y empezó a buscar fichas de sus amigos.Ahí encontró mi ficha, que era de los servicios de Inteligencia de la Policía de la provincia. Y ahí había pronósticos: decían que era cocainómano, cuando en realidad yo despreciaba las drogas y en esa época la cocaína era la droga de los viciosos que jugaban a los naipes y también decía que era degenerado. Siempre fui así.
¿Con el paso de los años eso se ha acentuado? No, porque no tengo energías para hacer más cagadas.
¿Se arrepiente de haber asesorado a empresas tabacaleras? Para nada. No me arrepiento, pero te muestro lo que me hizo el tabaco (señala un frasco con un fármaco). ¿Entendiste, eh? Vivo de pedo, vivo en base a estas mierdas, a un precio altísimo, primero porque son caras, pero además porque te van matando.La falopa que tengo que tomar para poder respirar en el fondo es cortisona, lo que te va lesionando cada vez más, te morfa el calcio de los músculos, etcétera: yo fumaba cigarro, pipa y cigarrillo. Y también marihuana, pero eso no da tos.
¿A usted le divierte ser polémico?Soy un hijo único quilombero.Y no soy zurdo contrariado, soy ocioso contrariado. El zurdo contrariado es el tipo que no puede usar su mano buena y tiene que usar su mano mala. Pero yo tengo que usar todo el cuerpo malo.
Rodolfo, ¿usted alguna vez se imaginó que el cuento “Muchacha Punk” tendría tanta vigencia? Lo escribí en Punta del Este, en mi barco. Siempre dije que dentro de treinta o cuarenta años mis libros se iban a poder leer igual. A Julio Herrera y Reissig vos los podés leer igual ahora que antes, pero tenés que poner una serie de condicionamientos. En cambio, si a Felisberto Hernández le cambiás cualquier señal temporal, una lámpara de gas o algo, y bueno, podrías ambientarlo en Alabama este año. Creo que mis libros, a pesar de que tienen muchas señales de la contemporaneidad, también tienen pasta de eternos y, ¿por qué? Porque los accidentes yo los presento como lo que son: accidentes. La mina es punk, pero eso no importa. Los punks se van a olvidar, pero la muchacha punk va a seguir existiendo. Y la gente no va a saber lo que es el punk pero va a imaginarse este tipo de personajes.
Y cuando usted se mira al espejo, ¿también ve esa pasta de eternidad? No, ni en pedo, ¿qué va a haber pasta de eternidad? Me siento como un viejo de mierda. Acordate que desde las 5, cuando me levanto, vivo todo el tiempo y más si vuelvo del gimnasio y duermo tres horas de siesta y más si hice bien el amor, cosa que me pasa cada vez menos, o si terminé de cocinar y puedo dejar la cocina hecha mierda porque mañana va a venir la señora que limpia, vivo sintiéndome como un tipo de 16 años.Pero no me hagas subir una escalera de diez pisos, porque ahí me doy cuenta de que tengo 2.000 (risas).
¿Identificaría algunos rasgos de su carácter en sus padres o usted es totalmente original? Soy totalmente distinto. Mi viejo era el mayor de diez hermanos y mi vieja era la menor de diez hermanas. De mi viejo heredé el modelo de responsabilidad y de mi vieja el modelo de frivolidad.Era muy malcriada.
¿Ha consumido más cocaína en Uruguay o en Argentina? No, en Uruguay nunca hubo demasiada. Uruguay es muy duro con la droga. En aquella época en Punta del Este no había un solo narcotraficante uruguayo.Eran todos argentinos, españoles, viste cómo son, carne internacional de la basura internacional.La mejor cocaína la tomé en Argentina en los años 70, antes de que se pusiera de moda. Los dealers iban a Santa Cruz de la Sierra, traían un kilo o dos con una facilidad absoluta y, de repente, compraban algún secador de pelo para darle de coima a la mujer del guardia.
¿Qué perdió usted tomando cocaína?Perdí todo. Sobre todo la ecuanimidad, la capacidad de juzgar.
¿Hoy es ecuánime? No, pero no soy ecuánime por mi droga interior.
¿Y se siente cómodo siendo un escritor de culto a cuyo velorio quizá irán unos pocos o preferiría no ser de culto y que lo despidiera mucha gente? No existe mi velorio. No te voy a dejar un testimonio que vale oro. Apagá el grabador....