>> 2010-08-30 | Información General
“La idea de territorio es distinta a la de propiedad para los mbya”
• En Misiones sólo 22 de las 94 aldeas son propietarias de sus parcelas • Según el estudioso, los aborígenes vinculan estas nociones con el provecho de la selva •
POSADAS. A pesar del reconocimiento expreso de la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, en el artículo 75 de la Constitución Nacional, muy pocas son las comunidades que poseen los títulos de sus tierras.En Misiones, de un total de 94 aldeas, sólo 22 acreditan la propiedad de esas parcelas, según un informe publicado ayer en PRIMERA EDICIÓN por la periodista Graciela Ptcoff, quien citó la exposición de Basgo Baigorri durante su presentación en el Congreso Nacional del mapa Guaraní Retá, junto con la Universidad Nacional de Misiones y la Pastoral Aborigen.Pero, por encima de esta preocupante realidad, hay otra que está en la cosmovisión de los pueblos originarios, que es un sentido diferente a la propiedad al que se posee en la cultura occidental.Esto es lo que sostuvo días atrás el antropólogo Miguel Bartolomé al presentar su libro “Parientes de la Selva: los guaraníes”, en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM).“Hay una visión general que todos los antropólogos conocemos, que es la visión de territorio: es distinta para cada una de las culturas. Y la noción de propiedad no es una noción universal, eso de que la tierra puede ser una propiedad pertenece a la tradición occidental, pero para muchos pueblos la tierra no es algo del que se pueda hacer dueño”, explicó el estudioso.Residente desde hace varios años en México, Bartolomé comentó que para los guaraníes e indígenas en general “la visión de territorio está asociada con un terreno amplio, no con una chacra, con una parcela de labor, de diez o veinte hectáreas; porque la relación de ellos es con la selva, una relación más vasta de la utilización de frutos, semillas, raíces, plantas medicinales; no son pueblos agricultores, sino apicultores itinerantes”.El antropólogo comentó que “justamente una de las características de la agricultura guaraní es que no agota el terreno; en Brasil, Argentina y Paraguay no se encontró nunca un área desbastada o desertificada por indígenas”.En cambio, “la única relación que nosotros tenemos con la selva es destruirla, o sea, reemplazarla por otro monocultivo, por eucaliptos, yerba, tung; no sólo es destruir y plantar en la selva; son las peores tierras que existen para el cultivo comercial, por ser las más delgadas”.
Voluntad política y económica¿Cómo pueden detenerse estos procesos de destrucción de la selva? “Se puede lograr con voluntad política y económica. Ante un planteo como este seguramente dirán ‘bueno el proceso de calentamiento global es inevitable, entonces murámonos todos’. Destruir la selva es una barbaridad absoluta, porque es un regulador climático, es un dador de muchos tipos de productos y destruirlos en aras de obtener unas cuantas parcelas de cultivos no muy redituables es irracional”. Bartolomé opinó que es necesario introducir en nuestra legislación la noción de territorios indígenas “porque éstos son los únicos que históricamente demostraron ser capaces de relacionarse con la selva”.