>> 2010-09-01 | Información General

Los últimos en El Brete viven sobre las aguas

• Terribles días de angustia para las familias • Hasta el conocido abogado “Rulo” Rodríguez se resistió hasta lo último •

POSADAS. El balneario El Brete pasó a la historia y lo envuelve una gran laguna de aguas estancadas donde sobreviven las últimas familias, que resisten a las presiones de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) porque no llegan a un acuerdo. Mientras tanto, el agua y las obras avanzan en el sector haciendo caso omiso a los últimos pobladores. Hasta ayer eran quince familias, las que soportaban todo, hasta se quedó allí aislado el reconocido abogado penalista Ricardo “Rulo” Rodríguez, quien reconoció a PRIMERA EDICIÓN que -después de siete años- logró llegar a un acuerdo con la entidad y quizás la próxima semana se mude. Las familias que todavía soportan son parientes de Silvio Alvarenga, el principal defensor de los derechos de los habitantes del antiguo y populoso barrio El Brete. En este caso la lucha es doble, ya que brega por los intereses del club que lleva el mismo nombre y por los de su familia. Dos temas que ahora los motiva a seguir en la misma lucha a pesar del riesgo. Uno de los que no se irá es el hermano de Silvio, Ariel Alvarenga, quien con su esposa y sus dos hijos, un varón de 18 años y una nena de 5, se ven obligados a vivir literalmente sobre las aguas. Para llegar a la casa improvisaron maderas, al igual que las otras familias que continuarán en el lugar hasta la semana que viene. Puede no ser tan terrible cruzar las aguas sobre precarias tablas, pero la espeluznante escena es la que sigue al atravesar la puerta de entrada al hogar. Tablones que forman un piso inestable evidencian -a través de las hendijas- que fueron colocados para soportar un espejo turbio, aunque las maderas no alcanzaron para cubrir todo el suelo de la propiedad y dejan al descubierto otro camino, más terrible aún, que se abre en un estanque en pleno living y sobre el cual apenas cuelgan otras tablas. “Así estamos, no vamos a aflojar”, asegura el padre de familia mientras tira la cadena del baño y muestra cómo sale a borbotones el agua de la cámara aséptica y se mezcla entre los líquenes y camalotes que flotan debajo de sus pies. Ariel recordó las épocas en las que nada hacía pensar que llegarían a estar como hoy, cuando tenía una carnicería junto con un almacén, comercios que le dieron la posibilidad de criar a sus hijos y ver cómo el varón hoy es maestro mayor de obras. Con la nena ya no es igual, la pequeña regresa del jardín con su mamá María sorteando obstáculos y tiene que aceptar todas las medidas de prevención que utilizan sus padres para evitar enfermedades. “Nos lavamos los pies con alcohol, las manos con gel y tiramos creolina en las aguas porque están mezcladas con lo que sale del baño”. Por otra parte, Silvio Alvarenga se muestra satisfecho porque ya las últimas familias por las que luchó tendrán lo acordado, mientras él y su esposa seguirán hasta conseguir el estadio de fútbol en San Isidro para los chicos del barrio, que fueron relocalizados y continuar así con las actividades del club El Brete. También piden una sede en el lugar porque de otra manera desaparecerá todo vestigio de esa población. Y por último, tendrá que negociar el dinero de la vivienda.