Una noche con Sandro y Los de Fuego
Por Fernando AguinagaAgencia NA
Los comienzos de los ídolos suelen ser por lo general difíciles. Sólo la voluntad y la confianza forjan la singularidad de “esa raza de uno”, al decir de Horacio Ferrer. Tal vez hayan transcurrido cuarenta años o más cuando “Sandro y los de Fuego” se presentaron en el club Sportivo Ballaratti en Villa Obrera, Lanús Este, en un escenario a nivel de la cancha de cemento de Papi-fútbol. La lluvia jugó una mala pasada y el público no pasaba las quince personas, pero aquel chico de pantalones y chaqueta de cuero negro que se arrastraba por el piso bajo el agua deslumbró a todos. Era el post “Club del Clan”, tiempos difíciles para nuevos ídolos. Los de fuego tocaban rock and roll, Sandro comenzaba su carrera y quizá jamás volvió a ese reducto de barrio, arrasando multitudes y despertando el romanticismo de varias generaciones de argentinos.