La rebelión de la naturaleza

La “tormenta perfecta” en Europa y el sismo en Chile renuevan las expectativas en el poder del medio ambiente para reconvertirse y sensibilizar el futuro de la humanidad.

F rancia fue el país más azotado por el temporal Xynthia a su paso por Europa. Tras dejar un muerto en Portugal y tres en España, el balance provisional que dejó el temporal a su paso por tierras galas es escalofriante: al menos medio centenar de personas perdió la vida. La “tormenta perfecta” se desplazó al norte, donde causó un muerto en Bélgica y seis en Alemania.
Francia, con cincuenta muertos -según la estimación del ministro de Interior galo, Brice Hortefeux, así como de Seguridad Civil-, varios desaparecidos y decenas de heridos, pagó el más alto precio por la tormenta, una de las más violentas de la década. El primer ministro galo, François Fillon, calificó el temporal de “catástrofe nacional”.
Seguridad Civil informó que sólo en el departamento de Vendée (al oeste del país) falleció una treintena de personas como consecuencia de las lluvias e inundaciones que provocó en la fachada atlántica.
En concreto, las zonas más afectadas son los sectores de La-Faute-sur-Mer y l’Aiguillon-sur-Mer. En esa zona del centro de la costa oeste del país el temporal, con vientos cercanos a los 150 kilómetros por hora y fuertes lluvias, coincidió con una pleamar que inundó numerosas zonas costeras. Sólo en l’Aiguillon-sur-Mer perecieron 25 personas, según los datos facilitados por el alcalde de la ciudad.
“El recuento evoluciona minuto a minuto y es probable que aumente a medida que vayamos accediendo al interior de las casas y los aparcamientos”, declaró el comandante Samuel Bernes, portavoz de Seguridad Civil.
Numerosas zonas próximas al litoral resultaron inundadas por el efecto combinado de las lluvias que trajo el temporal y la pleamar, que causó la ruptura de diques en algunos puntos y sumergió áreas pobladas, en las que hay varios desaparecidos.

En Alemania
En Alemania causó seis muertos, casi todos ellos alcanzados por árboles que fueron derribados por las fuertes rachas de viento. La tormenta huracanada forzó además a suspender el tráfico por ferrocarril en todos los estados occidentales de Alemania.
En Bélgica, un hombre de sesenta años falleció en Jodoigne (centro del país) al ser golpeado por un árbol derribado por los fuertes vientos del temporal Xynthia. El hombre se encontraba en su jardín, cuando el viento levantó un árbol que cayó sobre él.
En Suiza, el viento alcanzó los 160 kilómetros por hora, según la policía del cantón de Vaud, si bien no hubo que lamentar víctimas.
Chile
La vida se acerca a la  normalidad en la capital chilena varios días después del azote de  uno de los terremotos más fuertes que se hayan conocido, pero al  sur de Santiago el panorama de la devastación no deja de extenderse.
No queda mucho de la iglesia de la ciudad de Talca, 300 kilómetros al sur de la capital, mientras jaurías de perros sin dueño recorren las calles en busca de comida. La gente se refugia bajo pequeñas tiendas montadas en estacionamientos o en senderos polvorientos.
Como en otras localidades rurales, el antiguo centro de Talca se derrumbó en minutos cuando el sismo de 8,8 estremeció la zona. Calle tras calle las pintorescas casas de adobe, algunas de hasta un siglo de antigüedad, colapsaron al suelo. Se estima en 95 el número de muertos en la ciudad.
Falta electricidad y el agua escasea para sus 200.000 residentes. Casi todos los comercios siguen cerrados. “Estamos muy cansados y hay réplicas todos los días”, dijo un anciano que caminaba con la ayuda de un bastón.
La falta de agua y comida está detrás de los salvajes saqueos en Concepción que llevaron a la presidenta Michelle Bachelet a movilizar 7.000 soldados hacia esa ciudad el lunes para hacer cumplir un estricto toque de queda.
“Necesitamos las tropas, esto es un caos, la gente tiene mucho miedo de salir”, dijo la alcalde Carolina Van Ristenberger.
La violencia escandalizó a los medios locales, que cubren las noticias del terremoto las 24 horas del día. “No puedo creer que esto esté pasando en nuestro país. ¿Qué dirá el mundo? Este vandalismo, esta delincuencia, esto es lo peor de nosotros”, dijo al aire un locutor de radio.
Pero mientras la televisión realiza una cobertura permanente de poblados destruidos, saqueos de supermercados y localidades costeras invadidas por las aguas, muchos chilenos ofrecen su colaboración.
En Curicó, 200 kilómetros al sur de Santiago, una radio local superó la falta de energía instalando un generador eléctrico para estar en condiciones de solicitar ayuda para la gente sin techo y sin comida. “Hay una oleada de generosidad”, dijo el locutor Churro Rojas, de Radio Tropical Latina. “La gente se está reuniendo para ayudar”.
Muchos residentes se acercan a una calle donde la mayoría de las casas de adobe se vinieron abajo, cargando camiones enteros con donaciones: tortas de chocolate, botellas de agua mineral, ropa ya sin uso, bolsas de harina. “Aquí no tenemos problemas con la ley y el orden”, dijo el inspector de policía Sergio Astorga. “¡Sólo mire esto!”