Rambo, la historia continúa

El posadeño cumplió 34 años y aún se siente entero. En abril pelea en Sudáfrica. Pero antes hizo un “guanteo” de su vida con DE PRIMERA.

La vigencia de un auténtico gladiador de los puños se refleja en su incansable espíritu de lucha y superación. A poco de cumplir sus juveniles, pero “magullados” 34 años, el púgil posadeño Luis “Rambo” Ricail se bajó del ring por un momento y dialogó con DE PRIMERA, de su vida -pasado y presente-, su trayectoria, sueños y su próxima pelea en Sudáfrica.  

Tu vida es parecida a la de muchos otros boxeadores, con pasado humilde
Sí. Mira, nací y me malcrié en Villa Lanús. Estuve solo con mi padre, porque mi mamá falleció cuando yo tenía dos años. De chico tuve que salir a trabajar. Hacía changas, trabajé en una olería y en el Mercado Central. Tengo un hermano mayor (Rubén), pero se fue de chico a Buenos Aires y aún vive allá. Por ir a trabajar fui a la escuela nocturna, hasta quinto grado.  

¿Cómo nació tu afición al boxeo?
El boxeo me gustaba desde que era chico. El primer lugar donde fui a practicar y a darle a la bolsa fue en la sede ABUM, en cercanías del Mercado Modelo. Venía trotando desde Villa Lanús por la vía de trenes y regresaba de la misma forma, cuando ya era de noche. Los muchachos me decían que estaba loco. También entrené un tiempo con Ramón “Yaguareté” Brítez, en el Atlético Posadas y también iba y venía caminando. El boxeo es un deporte sacrificado, tenés que tener muchas ganas y hambre de llegar, sólo así podes tener alguna chance de triunfar.

¿Cuándo fue tu primer combate, te acordás contra quién?
Fue en 1994, ante Diego Rodríguez de 25 de Mayo, por el Campeonato Carlos Monzón. Ahí debuté con un triunfo en la ABUM. Luego gané ese Torneo y me hice acreedor de un viaje a Buenos Aires. Ahí conocí el Luna Park, la Federación Argentina de Boxeo (FAB) y la cancha de River, club del que yo soy hincha. En el 1996 salí campeón de peso pesado en los Juegos Misioneros, en la final derroté a Eduardo Gambert de Garuhapé. Un año más tarde participé en el Campeonato Argentino. Mientras que la última pelea como amateur la realicé ese mismo año, ante Luis Bussa y le gané por nocaut en el tercer asalto, también en la ABUM.

¿Te costó dar el salto al profesionalismo?
No, para nada, arranqué muy bien, venía invicto, tenía diez peleas ganadas hasta que llegó la pelea con Sergio “Martillo” Vega en medio pesado, en Córdoba. Perdí en forma increíble. Ya de entrada en el primer round lo mandé a la lona, pero me confié. Era local y el árbitro lo comenzó a ayudar y cuando me di cuenta perdí la pelea. Después de ese combate quedé muy ‘bajoneado’. Me robaron descaradamente, ese es a veces el precio que uno paga por ser visitante o a lo mejor por no tener un buen promotor. Después de eso me costó recuperarme.
Por eso ahora les digo a los jóvenes que siempre hay que tener un buen técnico y un promotor que te lleve bien la carrera. A veces cuando uno no cuenta con eso te hacen pasar cosas ingratas. Uno agarra peleas que no debería y termina perdiendo o estafado, juegan con la necesidad de uno.

¿Viajaste al exterior?
En 1998 peleé por el título Mundo Hispano de OMB peso pesado, ante Julio Abel González y lo derroté en el sexto round por nocaut. Ahí dejé una muy buena imagen y comenzaron a llegar los viajes fuera de Argentina. Primero peleé en Paraguay, luego en Uruguay, hasta que me fui a Italia. Creo que fue una gran experiencia. Esa posibilidad siento que sólo me la podía haber dado el boxeo, sino nunca hubiera viajado afuera. Un año más tarde peleé en Australia, ese mismo año también estuve en Panamá. Después fui a Austria. En 2005 viaje Alemania, volví a Australia, en 2007 peleé en Alemania y en 2008 en Irlanda. Cada viaje que realizaba me ponía muy contento, ya que sólo a través del boxeo tuve la posibilidad de conocer esos países.

¿Regresas al ring y lo hacés en Sudáfrica?
En agosto de 2008 peleé en Irlanda y, por temas que no vienen al caso, dejé de ser parte de la FAB y pasé a la Comisión Mundial de Boxeo (WBC), cuyo presidente es el argentino Daniel Gómez. Con esta nueva entidad voy a realizar mi primera pelea en Sudáfrica el 27 de abril, con un púgil local que ya tiene algunas peleas como profesional.
¿Cómo es tu vida actual?
Trabajo en el Mercado Central, hombreo bolsas o hago de seguridad. Tengo un pequeño almacén en mi casa, pero yo me rebusco afuera. Muchas veces en mi trabajo la gente me reconoce y me dice: ¿Rambo, que hacés? Pero acá la gente cree que porque uno viajó un par de veces al exterior tiene plata y no es así. Me sacrifico para que mis hijos estudien y sean algo en la vida. Que no les pase lo mismo que a mí, que tuve una vida sacrificada.

¿Cuál es tu sueño?
Tener un gimnasio y formar mis propios boxeadores. Llevarles la carrera como debe ser, corregir los errores que yo viví como boxeador. Hoy por hoy no hay en Posadas un gimnasio adecuado para la práctica del box. Ahora tengo una escuelita de boxeo, pero no es de mi propiedad. Además de prepararlos en lo físico y táctico, les digo a los jóvenes que se alejen de la calle que no peleen afuera porque saben boxear, que estudien, que sean algo; el estudio es primordial.

¿Cómo ves al boxeo posadeño?
Hoy por hoy el boxeo está muerto en Posadas, faltan gimnasios acordes, buenos promotores y técnicos. Sin envidiar nada a nadie y con la experiencia que adquirí, lamento ver que hoy no tenemos ninguna promesa que pueda progresar en el campo rentado. A Javier (por Andino), por ejemplo, le falta  mucho por mejorar, antes que él tuvimos algunos otros valores, pero les faltó lo mismo que a él y a mí, algún buen promotor que encamine su carrera. Daniel Espíndola, Diego Silva o Martín Rodríguez nacieron en Misiones, pero sus aptitudes innatas fueron mejoradas en Buenos Aires, consiguieron buenos promotores que encaminaron de buena manera la carrera de cada uno de ellos. Aunque, ojo, no es fácil estar, entrenar, trabajar y vivir en Buenos Aires, hay que adaptarse, progresar y así se puede alcanzar la gloria.