Un don para hacer negocios

Ahora crece en la capital. Logró darle un toque distinto a los libros, poniéndole brillitos a las tapas, libros con forma de cartera, libros temáticos para niños, en tapas duras, que no se hacían en Buenos Aires.

N o hay dudas de que es un hombre que tiene el don de saber hacer negocios. En donde los demás ven caminos cerrados o dicen que ya todo está hecho, él encuentra una oportunidad. Y su éxito está a la vista: en dos años levantó en Buenos Aires una de las editoriales infantiles que más venden y fue una de las estrellas de la concurrida exposición del libro infantil que se realizó en las recientes vacaciones de invierno en la Capital Federal.    José Carlos Dahir, de él estamos hablando, se muestra cordial y sencillo. En una entrevista con EDICIÓN en medio del bullicioso ir y venir de padres y sus niños durante la feria librera, nos contó parte de su historia, que tiene en Misiones su punto de partida, hace 25 años cuando empezó a vender libros para una importante distribuidora. “En el ’83 me llevó un amigo a vender libros, como una aventura, y me quedé”. Había nacido en La Pampa, vivió en Buenos Aires, pero en la tierra roja encontró su destino y también el amor y los hijos. “Soy misionero por adopción”, nos dice y cuenta que va y viene entre la provincia y la Capital Federal, pero Misiones es su tierra.La idea de tener su propia editorial nació en el año 2008, con libros clásicos de la literatura, como el Martín Fierro y los Cuentos de la Selva y ahí se decidió por el nombre Beeme, el acrónimo de “Buenos Mensajes” y así comenzó su aventura, hoy un próspero negocio. “Vine con un miedo terrible, todos me decían que yo no iba a llegar a nada, en Buenos Aires estaba todo armado, que las editoriales eran muy grandes, que era imposible.  ‘Bueno –dije- voy igual, total vuelvo, no hay problema’ y la verdad me fue bien”.Dahir ya tenía experiencia en la venta de libros, hace 25 años había fundado la Unión Cultural del Libro en Misiones, que hoy cuenta con doce empleados, pero la idea que le daba vueltas en la cabeza era dedicarse a los libros infantiles y así creó el sello Elefantino y la pegó. Beeme quedó como una editorial para adultos y Elefantino exclusivamente dedicado a los niños.La vuelta que encontró es “darle un toque distinto a los libros, poniéndole brillitos a las tapas, libros con forma de cartera, libros temáticos para niños, en tapas duras, “que no se hacían en Buenos Aires”. Y sobre todo la calidad, la que salta a la vista cuando uno recorre el stand en la Feria del Libro Infantil, que además fue premiado por su originalidad. Los libros son realizados con papel de calidad, tapas cuidadas, con diseños atractivos. No hay niño ni adulto que se sustraiga al imán de sus libros.Un amigo que lo acompañó durante la entrevista, Roberto Martínez, dueño además de la Distribuidora Americana de Publicaciones, una de las más importantes del país, hizo notar que su boom en Buenos Aires “fueron la novedad los libros con brillitos. Fue un golpe importante, distinto. En la Feria del Libro -la Feria grande como la llamó-, deslumbró”.Dahir no se quedó con el primer impacto. Ahora también hace libros para bebés, realizados en tela y goma, que no son tóxicos y son un nuevo disfrute para los más pequeños. “Me asocié a una persona exclusivamente para esta línea”, dedicada a los bebés. Dahir fue tan oportuno, ya que el mercado se dio cuenta en los últimos años que los más chiquitos son también grandes consumidores, a través de sus padres que no reparan en gastos para conseguir una sonrisa de sus pequeños. “Ahora –nos adelanta en exclusiva-  compramos los derechos del “Sapo Pepe”.Y así fue creciendo, no sólo con libros con brillitos, sino libros para pintar, con stickers, de hadas y una infinidad de propuestas, que van surgiendo naturalmente. Su secreto es muy simple: “Yo me pongo en el lugar del niño”.Con esta fórmula “llevamos vendidas toneladas, Roberto nos ayudó muchísimo (con la distribución). Hay empresas que nos han contratado para que les hagamos los libros, hemos  pegado tanto en el mercado; ya llevamos 140 títulos de libros infantiles, del sello Elefantino. Muchos de los libros tienen una terminación artesanal, como éste, -y nos muestra uno con forma de careta que tiene dos ojitos-. Yo le pedí que le pongan ojitos y me decían:  José déjate de macanas, es muy difícil con este agregado. Pero yo insistí. Por eso estamos a la vanguardia de lo que el chico quiere, yo no quiero hacer sólo libros estampados, sólo tinta o papel, quiero darle un toque más. El chico se merece tener algo más y si a mi se me ocurre hacer caretas le pongo algo más, siempre lleva un toque distinto. Yo pienso como un chico, me pongo en lugar del chico, y me pregunto: ¿porqué compro la careta?, sólo por la tinta o papel; no, para eso tiene para elegir otro libro, pero terminan eligiendo el mío”.Martínez, su amigo, destacó la creatividad permanente de Dahir. “Sus productos generan atención.  No hay ningún libro con brillitos en el mercado, sale un poco más hacerlo”. Y Dahir le replica: “no importa yo lo hago, lo invento”. Como también inventó el “libro caramelo” que cuesta dos pesos y se vende como agua. Que padre le va decir no a un chico que le pide un librito de cuentos a costo tan accesible. Por sobre todas las cosas, le gusta aprender de los chicos. “Me gusta mucho escuchar a los chicos, me encantan” y para ellos trabaja sin descanso.Dahir se muestra muy contento por los objetivos conseguidos, en tan poco tiempo. “Yo no me imaginaba: tengo un editor, escritores, diseñadores, una empresa armada, una editorial completa. Vine acá (a Buenos Aires) a hacer libritos y terminé haciendo una empresa monstruosa para mí. Tenemos una sede de tres pisos en Palermo, toda una esquina de 750 metros cuadrados. Ahí tengo 14 empleados, seis vendedores, se hizo una empresa grande, para mí”. Su niña mimada es Elefantino. En este momento están en producción 40 títulos nuevos, relata y cuenta otra idea, que es para que los chicos se transformen en titiriteros. “Inventé una cabina de títeres, que viene con un muñeco y seis muñequitos más. El teatro es un libro, que tiene tres tapas: la central tiene un hueco con una cortina y dos tapas de oreja. El nene se esconde detrás de las tapas, saca su manitos por el hueco y va leyendo las historias que están escrita en la retiración de tapa. No tiene que inventar, lee una historia de 20 renglones”. Dahir no deja de sorprender a cada paso. También escribe canciones, “tengo varias canciones mías registradas”, nos dice y agrega:  “soy un loco, un emprendedor, nada de otro mundo, a algunos les gustará y a otros no. Yo fuí así toda mi vida. Me gusta mucho la creatividad, pensar en cosas distintas, no me gusta copiar”.   Pero su imaginación se respalda en la elección de todos los que intervienen en el proceso de edición:  dibujantes que han creado, por ejemplo, un hada mapuche, y están trabajando ahora para incluir las tradiciones guaraníes; diseñadores de primer nivel, formatos cómodos para los niños. Todo está prolijamente realizado y, aunque cuestan más caros, tienen asegurada su venta. “Yo me doy cuenta –nos dice- cuando un libro va a vender”. Y aclara de inmediato que lo importante no es crecer, sino mantenerse en el mercado.  “Llegar es fácil, mantenerse es lo difícil”, pero tiene un público asegurado, sobre todo en los más pequeños, que todavía no han sido capturados por Internet, y prefieren un libro para colorear, recortar, pegar figuritas. La suerte no es casualidad, según nos dejó en claro en la extensa charla. Dahir está con la idea justa en el momento exacto. Pero también la experiencia y no deja de lado la suerte que lo acompaña. Además tiene otro secreto: “Me rodeo de gente que sabe mucho más que yo, y soy uno más. Todos tenemos un destino, pero creo que hay que buscarlo”, nos dice Dahir y recuerda una enseñanza de su tío “el hermano de mi papá: dedicarte a un solo rubro y no salgas nunca de ese rubro y fue lo que hice. Me dio mucho resultado. Cuando empecé fui a Misiones para vender libros, tenía sólo un pantalón y una camisa, nada tenía, nada. Me lavaba la camisa de noche en el Hotel Savoy, que ya se venía abajo, la rata más chica te cebaba mate y bueno, gracias a Dios, con mucho laburo estoy acá” y así, con un gran esfuerzo, es dueño de una de las empresas más competitivas en el rubro libros infantiles. Pero también “tenía en claro lo que quería”, nos agregó sonriente. Y vaya si lo consiguió. por: Graciela Petcoff (*)gpetcoff@gmail.com* Buenos Aires (Corresponsalía)