El tiempo les dio la razón
A treinta años del último título de una selección misionera en un torneo Argentino, Oscar “Pico” Báez, Antonio Marzal y Edén “Buby” Fernández reviven junto a DE PRIMERA una gesta que hasta ahora resultó inalcanzable.
ENTREVISTA
Por Nicolás Maradona
nicolasmaradona@hotmail.com
POSADAS. Son tres los hombres que se animan a romper la tranquilidad que impera en el club Brown un mediodía de viernes. En realidad, primero son dos, pero el tercero no tarda en llegar. Aparece en un taxi que dobla la esquina raudamente, a sabiendas de que llega con retraso a la cita. “Perdonen, cosas de trabajo”, se disculpa el recién venido, mientras recibe el afecto del par que lo esperaba.Entonces, el pasado parece volver al presente. Eden “Buby” Fernández, Antonio Marzal y Oscar “Pico” Báez vuelven a fundirse en un abrazo que parece perdurar más allá del tiempo. Es la misma imagen de hace treinta años en el Ian Barney de Oberá, en la culminación de una hazaña que el deporte misionero no pudo repetir nunca más.Fernández, Marzal y Báez formaron parte de la selección misionera que en 1980 se quedó con el Campeonato Argentino de fútbol de salón, un logro que desde ese momento se transformó en inalcanzable para los selectivos de nuestra provincia en todas las disciplinas y que DE PRIMERA intentará rememorar hoy junto al lector.
Una previa idealMiles de cartas se pueden tirar sobre la mesa a la hora de analizar el porqué de un éxito que no volvió a repetirse, aunque quizá el “as bajo la manga” de aquella campaña fue la preparación y el trabajo previo a conciencia llevado a cabo por Antonio Marzal, director técnico de un equipo que quedó en la historia. “Teníamos un plan de trabajo que incluyó una preparación de varios meses previos y hasta hicimos una concentración diez días antes del torneo”, recuerda el experimentado entrenador, encargado de romper el hielo, que amalgamó en ese plantel a los mejores valores de la provincia con la base del selectivo obereño, campeón provincial en ese entonces.Las prácticas se llevaban a cabo en la Capital del Monte, hacia donde viajaban desde Posadas Fernández, Báez y Pedro Bonettinni, arquero del equipo y actual presidente de la Confederación Argentina de Fútbol de Salón, en un enorme sacrificio que luego dio sus frutos. “Muchas veces con lluvia, en un Chevrolet Super de esos antiguos que tenía Pedro, salíamos de acá y volvíamos a la madrugada, dos o tres veces por semana”, rememora “Buby”, mientras Báez apunta su mirada a la nada, como intentando revivir aquellos viajes que, para él, “son inolvidables”.
La hora de la verdadDespués de tanto trabajo, llegó el momento de salir a la cancha. “En nuestra zona debutamos con victoria ante Chubut y después perdimos con Santa Fe, pero avanzamos a semifinales, donde nos esperaba Corrientes”, cuenta Marzal y añade que ese “era el rival más difícil en los cruces”.“Ese partido se jugó de mañana, el estadio estaba colmado. Perdíamos 2 a 1, lo empatamos y fuimos al alargue”, relata Báez, quien “pinta” de manera sensacional el gol que significó la clasificación a la final. “Hicimos una jugada preparada a la salida de un córner, de manera que mi compañero ejecutaba con fuerza y yo entraba con todo a cabecear. Pero él se equivocó y tiró un ‘globito’, y encima yo salté y le pegué con la oreja”. ¿Final de la jugada? Al contrario. “La pelota entró picando al área, entonces el arquero de Corrientes, que después atajó en la selección argentina, se confió y miró a quien podía sacar rápido, pero con una mano sin querer la terminó metiendo para el 3 a 2”, resume quien fue para muchos uno de los mejores jugadores misioneros de fútbol de salón.El momento de la anécdota llega cuando Marzal evoca un encuentro posterior con ese arquero que, después se supo, lloró amargamente por largos días. “Muchos años después me lo encontré en un Nacional en Corrientes. Creo que se apellidaba Gamarra. Me reconoció, me vino a saludar y con una sonrisa me preguntó ‘¿Todavía tienen la copa que yo les regalé?”, se emociona Antonio, al recordar tan sólo una de las tantas historias que seguramente atesora después de largos años en el salonismo.
Una noche inolvidableEntre 8 y 10 mil personas colmaron el Ian Barney en una jornada que quedó en la historia del deporte misionero. “La final fue contra Formosa. Siempre estuvimos arriba en el marcador y finalmente ganamos 5 a 2, con dos goles de ‘Pico’, otros dos de Luis Esquivel y uno de Fabián Benítez, un jugador excepcional y una persona excelente”, recuerda Fernández, también a modo de homenaje para quien ya no está.“El grupo era impresionante, tenía una mentalidad ganadora increíble. Siempre cuento que Bonettinni jugó en el arco los últimos minutos con dos o tres dedos de una mano fracturados. ‘Voy a aguantar’ decía cuando le pedía el cambio. Ese gesto refleja la grandeza de todo el plantel”, agrega Marzal.Y llegó el pitazo final y el ingreso a la historia para Alfredo Forster, Luis Esquivel, Carlos Benítez, Arturo Delgado, Víctor García, Fabián Benítez, Pedro Bonettinni, Juan Benítez, Alfredo González, José López, Alejandro Cabral, Hugo Batista, Víctor Delgado, Báez y Fernández, junto al entrenador Marzal, al profe Carlos Jost, al utilero Novak y a otros tantos que conformaron un grupo maravilloso.“A mí me quedó grabado para siempre la calidad de personas de ese equipo. Hoy me cruzo en los nacionales con gente que todavía se acuerda. Era gente de un nivel moral insuperable”, reflexiona Marzal. “Todos empujábamos el mismo carro, desde los cocineros hasta dirigentes como Sarratea y el profesor Keila”, sintetiza Fernández. Y “Pico” Báez, como supo hacerlo tantas veces frente al arco, remata y le pone punto final a la nota: “Yo gracias a Dios jugué mucho al fútbol, pero en todos lados en donde estuve comenté siempre ese equipo, porque el grupo humano que se formó fue tremendo, y siempre sostengo que las cosas se consiguen si tenés un buen grupo, porque si el equipo no está unido es muy difícil que se logre algo. Eso es fundamental”.