La cultura de las adicciones invisibles
Hace algunas décadas empezaron a surgir nuevas formas de adicción que, si bien no implican el consumo alguno de sustancias, sus “víctimas” no pueden dejar de realizar esa determinada actividad. Para poder diferenciarlas, se las llamó “socioadicciones”. Desde el punto de vista psicoanalítico, se lo ve como aquel sujeto con tendencia a buscar objetos de los que dependerá adictivamente para aplacar el vacío y la soledad. Para cambiar hay que recuperar la capacidad de reflexión.
por: Myrian Veraveramyrian@yahoo.comE n general se piensa que las adicciones sólo tienen que ver con el alcohol, las drogas, el sexo u otras conductas muy perniciosas, pero lo cierto es que ya hay estudios que demuestran que nadie está exento de caer en patrones de conductas compulsivas y adictivas que -sin ser graves ni suponer un trastorno serio de la personalidad- nos perjudican e incluso a veces pasan a ser el eje de nuestra existencia.En este sentido, de acuerdo al enfoque de los psicólogos, siempre es necesario hablar de las adicciones que están reconocidas, o estudiadas con criterios, de lo contrario se corre el riesgo de sellar como “adictiva” a cualquier “conducta” y esto no es así.Las reconocidas como tal son la ludopatía, las tecnoadicciones (televisión, celulares, computadoras, juegos electrónicos, etc.) y las compras compulsivas (quienes la sufren viven la ansiedad y la culpa por estar atrapados en esa espiral de compras, culpabilidad y ansiedad). Después también se pueden enumerar la adicción al trabajo, al sexo y la vigorexia (la persona que se obsesiona por verse musculosa, se mira constantemente en el espejo y acude a la balanza frecuentemente).“Me parece beneficioso que la población pueda saber de ellas y distinguirlas, por ejemplo de las conductas que tienen que ver con mejorar la imagen, que hasta tanto no se las estudie con rigor científico y se establezcan sus criterios, no se las puede llamar adicciones”. Tales expresiones pertenecen a la licenciada en psicología de nuestro medio, Lizia Aideé Loaiza, quien es también una de las responsables del programa de Ludopatía del IPLyC. Para la doctora Loaiza, hace algunas décadas “empezaron a surgir nuevas formas de adictos, enganchados o buscadores de sensaciones fuertes que, si bien no consumían ninguna sustancia, tampoco podían dejar de realizar una actividad determinada. Para poder diferenciarlas se las llamó Nuevas Adicciones, Adicciones Comportamentales o Socioadicciones”, explicó (ver nota vinculada). En la gran mayoría de los casos no suponen un trastorno serio de la personalidad, pero constituyen alteraciones compulsivas perjudiciales y que pueden legar a oprimir la vida diaria.Para la presidenta del Colegio de Psicólogos de Misiones, Liliana Almirón, muchas de estas conductas compulsivas “tienen una relación interna con la angustia”.“Tenemos que reconocer también que el mercado colabora en generar el consumo compulsivo. Si bien todos tenemos alguna conducta compulsiva, por ejemplo no parar de comer mientras escribo en la computadora, lo que hay que dilucidar es la medida de nuestra compulsión, es decir, los síntomas de esa compulsión”, aclaró.La profesional subrayó que en general las adicciones del comportamiento pasan casi inadvertidas para la gente porque la sociedad no las reconoce como tales, dado que la línea que separa una adicción de una conducta saludable es muy fina y sus “sufridores” generalmente no son seres marginales, sino todo lo contrario. “Estos comportamientos o actos compulsivos pueden ser un verdadero dolor de cabeza cuando se realizan sin control y bajo el dominio de una emoción. Desde el punto de vista psicoanalítico, el sujeto con tendencia a buscar adictivamente objetos concretos para aplacar el sentimiento de vacío y soledad ha perdido su capacidad de reflexionar y para salir de esa espiral interminable de ansiedad, felicidad momentánea y culpa en el que se ha metido para ‘encontrar el objeto perdido’ debe recuperar su capacidad de pensar”, analizó la doctora Almirón.Según sus términos, los portadores de estas adicciones comportamentales “padecen un déficit en las relaciones primarias y determinadas creencias que influyen negativamente en sus vidas y en las de quienes les rodean, pero el adicto desdramatiza su dolencia porque cree que la puede manejar. Y ahí está la adicción: cuando se cree que puede manejar el problema; ése es el síntoma de que realmente necesita ayuda. En general en nuestra ciudad nadie viene a terapia para tratar una conducta compulsiva, sino por otras cuestiones, y en la medida que se avanza en el tratamiento puede que aparezcan estos aspectos compulsivos dañinos”.
Una falla en lacapacidad de pensarPara las profesionales consultadas, el “acto compulsivo” está relacionado con el concepto psicoanalítico de “compulsión a la repetición”, sin que “medie el proceso de reflexión, es decir, que hay una falla en la capacidad de pararse a pensar y decir ¿verdaderamente me hace falta esto?”, señalaron.Para Almirón, “una puerta de salida para la persona que se encuentra deteriorada por su conducta sería poder instrumentar mecanismos de reflexión. Lamentablemente mucha gente no lo puede hacer por sí misma y va a necesitar ayuda, ya que aprender a pensar- reflexionar es vital para lograr un cambio”, finalizó Liliana Almirón.