Rigoberta Menchú en Asunción
El fin de semana pasado participó en la capital paraguaya en una nueva Cumbre de los Pueblos del Sur. Cuestionó el desmanejo que hacemos de “la Madre Tierra” y apeló a la educación para combatir la cultura del miedo.
L a Cumbre de los Pueblos del Sur, “Protagonismo popular, construyendo soberanía”, que se realizó en Asunción (Paraguay) el fin de semana pasado, es un espacio para discutir la problemática de los movimientos sociales de las naciones de Sudamérica. El espacio propuesto por la Cumbre se convierte en una oportunidad para el debate sobre los problemas de la crisis internacional, el modelo de desarrollo, los megaproyectos, la criminalización, la soberanía alimentaria y energética, entre otros temas de agenda. El consenso general apunta a la construcción comunitaria de los pueblos del sur del continente, con la mirada puesta en los movimientos sociales.La Cumbre se llevó a cabo en las instalaciones del Consejo Nacional de Deportes, Instituto Superior de Educación (ISE), sobre la avenida Eusebio Ayala Km. 4,5 de la capital paraguaya y contó con la participación de destacadas figuras de los movimientos sociales americanos emergentes.En la noche del viernes 13, disertó la guatemalteca y Premio Nobel de la Paz (1992) Rigoberta Menchú, quien reflejó que “el síndrome del miedo golpea la auto estima de la gente, lo que convirtió la lucha en más difícil, sobre todo en las regiones campesinas. “Ese síndrome del miedo genera la cultura que se llama apolítica”, dijo Menchú ante medio millar de personas en la fría noche asuncena. Luego instó a encarar una “organización social basada en la educación, porque la gente sabe que una persona es buena pero no va a ganar en las votaciones, solamente el malo gana, y eso significa encarar nuevas iniciativas, más creatividad en nuestra forma de calificar el trabajo de las personas”, planteó.La guatemalteca mencionó que el “Foro se tiene que abrir a nuevos temas a nivel mundial, porque es obvio que hay nuevas competencias que nos esperan, sobre todo por la guerra de las fuerzas energéticas, el agua, la salud. Como que nuestra misión social tiene que revitalizarse”. Además remarcó que “ningún conflicto de tensión en la región hace bien a los pueblos y a los procesos”, pero sin embargo estamos “esperando que nazcan las nuevas propuestas del nuevo Gobierno en Colombia. Posiblemente no cambien mucho, pero qué tal si entre todos empujamos nuevos procesos”.En otro orden de cosas, se refirió al golpe de Estado en Honduras y apuntó al “imperialismo” como un obstáculo para el desarrollo democrático en el continente. “Occidente nos dijo que ningún golpe de Estado es legítimo, por eso condenamos la acción”. Además advirtió que “la explotación de la Madre Tierra llega a ser un autoexterminio. Nosotros no podemos dominar la tierra, ella nos domina a nosotros y la gran decadencia económica, política y espiritual que vivimos se debe a que no entendemos nuestra relación con la Madre Tierra”.