Una manzana por cada chico
Güirá Oga -o La casa de los Pájaros- queda en Puerto Iguazú. La conocimos años atrás recorriendo un sendero de monte que se abría de pronto y mostraba, a los visitantes, una docena de aves en proceso de recuperación. Habían sido heridas por cazadores furtivos o simplemente por quienes practicaban puntería con las indefensas criaturas aladas. Loable obra de un matrimonio que las curaba, alimentaba y, si era posible, las devolvía al ámbito natural.En este mes de agosto volvimos al lugar. Muy cambiado, con un tractor que acerca a turistas y misioneros por un camino serpenteante, guías que explican sobre la flora, la fauna y un centro didácticamente montado. Luego, a pie, el recorrido por pasarelas y jaulas gigantes donde no solamente hay aves, sino mamíferos de la región que han sido incautados -por el tráfico ilegal- o lastimados. Modernas y limpísimas instalaciones donde se les prepara la comida, gente trabajando, toda una sorpresa. Han crecido. Han progresado.Jorge explica el problema de cada animalito: el carancho al que un tiro le destrozó el pico y hay que darle de comer con la mano; la venadita a punto de parir; los monos primeros habitantes del lugar y que se acercan y tienden sus manos a su benefactor; cada uno tiene su historia, su triste historia.Las escuelas primarias visitan a menudo el lugar y aquellos niños que no pueden abonar la entrada - pues de esos ingresos sobreviven, ya que es un emprendimiento privado- traen, a pedido, una manzana que servirá de comida para determinadas especies. La idea es concientizar a las futuras generaciones. Y defender la fauna misionera. Dos veterinarios especializados están a disposición. Y catorce empleados. La tarea no es fácil. Pero Jorge y Silvia, que están allí desde hace catorce años, se sienten recompensados con cada logro, con cada animal que salvan. No es un zoológico. Es un centro de recuperación. Y el personal trata de no encariñarse con los animalitos, pues estos deben volver al monte, a la selva.En alta temporada, tienen alrededor de ochenta visitantes.¿Cómo dos personas que no han nacido en Misiones, se entregan de esta manera, se aquerencian? Jorge responde: es que la historia de este lugar me fascina y siempre le digo a Silvia, “como me hubiera gustado haber caminado por Misiones hace 140 años atrás”. Sabés que pasa? es que para mí Misiones es Selva, es magia, es misterio, es el sabor a lo desconocido lo que quizás me atrapa. Por ello, que cada vez que puedo detengo el reloj y me sumerjo en algún lugar remoto de Lanusse “al fondo” en plena serranía o me siento en una piedra de algún remanso del arroyo Urugua-í medio y me siento un Ambrosetti, un Giai, un Partrigge, aquellos naturalistas que tuvieron la fortuna de haber conocido aquella Misiones, la Misiones de mis sueños, esa Misiones fantástica que mantiene aún intacta mi fantasía”.
Rosita Escalada Salvo
Docentey escritora