Antón pirulero
Qué gusto da ver, en escuelas del interior de nuestra provincia, cómo juegan los niños no solo en los recreos, sino con el profe de Educación Física o la maestra de grado.El juego en la infancia es socializante; enseña a compartir y competir sanamente; descarga energías, controla emociones, desata lágrimas y risas.Esos juegos que, lamentablemente se van perdiendo en las ciudades fundamentalmente por falta de espacios adecuados, tienen vigencia aún gracias a que los docentes, sobre todo aquellos que comienzan con su carrera, no vacilan en acuclillarse para “el huevo podrido”, o correr con “la mancha venenosa”, nuestra mbopa, o saltar la cuerda ante las carcajadas de sus chicos. En otro ángulo, y sin que nadie los reprenda “porque se ensucian”, los varones se desafían con las bolitas, a la tinga, procurando el huequito en la tierra colorada. Más allá, en plena plazoleta del pueblo donde muy de vez en cuando pasa algún vehículo, la pelota ya desteñida, va de un lugar a otro, impulsada por los chiquilines que logran un justo empate.Estoy escribiendo sobre lo vivido en la Escuela Nº 283, de Mado, en cuya dirección se encuentra Lidia Gómez, una obereña que eligió ese lugar en el mundo y que se siente feliz con su opción.Admirable el trabajo de los docentes - 37 en total- porque a pesar de la elevada matrícula, hay un ambiente de disciplina que no se logra con imposiciones ni gritos, sino con el trabajo diario y la contención cariñosa.La biblioteca escolar necesita más libros -nos dicen- de leyendas, de cuentos, de autores misioneros. Y poemas. Y obritas de teatro. Pero volviendo a los juegos, qué bueno sería que se recopilen los de antes, con sus estribillos, con las partituras y esquemas. Y se reimpriman, para repartir en todos los establecimientos escolares. Aquel Antón Pirulero de nuestra infancia, las rondas del arroz con leche o la viudita del rey; a las figuritas, a la rayuela y ¿por qué no? Al Vira Cambota; a la farolera o al gallito ciego. hasta el trompo va desapareciendo. Existen textos adecuados: las Canciones para Jugar, de Blanca Trotta o el de Folklore Infantil, con juegos y entretenimientos en el área guaraní, de Miguel Raúl López Breard.La mayoría de estos entretenimientos nos vienen desde muy antiguo: de Egipto, Grecia, Roma. Fueron traídos por los españoles en la época de la conquista y aquí adquirieron un tinte regional que identifica a las infancias de las áreas rurales.
Rosita Escalada SalvoDocentey escritora