Lluvias eran las de antes
Tal es el título de uno de los cuentos de Gustavo Roldán, ese escritor chaqueño de larga trayectoria y que nos sorprende con relatos verdaderamente deliciosos. Como para contarlos un día de lluvia.Y de lluvia precisamente se trata esta nota: las largas lluvias en el interior de nuestra provincia y de los maestros y maestras de escuelas rurales.El 11 -o el día antes- se recitarán poemas en homenaje a los trabajadores del blanco guardapolvo; los niños les acercarán humildes obsequios y cada uno sentirá que su tarea vale el sacrificio de alejarse del hogar, de afrontar fríos, heladas o calores insoportables. Y el barro en el rojo camino cuando las lluviaradas vienen para quedarse por una semana.Entonces, con los arroyos desbordados, los niños no podían llegar hasta la escuelita. Las horas se hacían lentas. Tardes a puro mate, torta frita, pororó.Y con el correr de los días, se iba terminando la provista: la harina, la galleta, las pilas para la radio, única forma de mantenerse al tanto de las noticias. Ni televisión ni celulares. ¡Si ni siquiera llegaba hasta la colonia la luz eléctrica! Con farol a querosene o velas, y gracias.¿Que eso fue hace mucho tiempo? Que ahora las cosas han cambiado. Sí, menos mal. Pero que lo cuenten las maestras que deben esperar pacientemente que se termine el mal tiempo (¿mal? ¿porqué? Si la lluvia hacía falta), que se seque el camino, que todo vuelva a la normalidad.Olga Zamboni, en un libro titulado “Relatos sencillos”, evoca su etapa de maestra en medio del monte y escribe: “En las largas veladas de las tardes de lluvia sin alumnos hacíamos dulces. Para entonces, éramos dos maestras. Los dulces caseros traían aromas nuevas a la casa-escuela. Toneladas de dulces”.Y en un cuento magistral “Maestra en el camino” cuenta las peripecias de querer salir, pese al barro, en un fordcito viejo con el cual intentará subir la cuesta del Tigre si supera el puentecito con el agua del arroyo pasándole por encima.Esta evocación es, simplemente, para decirle ¡gracias! a todas esas maestras -o maestros- jubilados que tuvieron que enfrentar tantas otras situaciones, con hijos enfermos que había que llevar hasta el pueblo más cercano, con alumnos accidentados, con el desaliento del magro sueldo cobrado con demora. Escenas de un pasado que forjó la patria, que dio educación a cientos y cientos de hombres y mujeres del interior de Misiones.A ellos, y a todos los que están en ejercicio de la profesión, FELIZ DÍA!
Rosita Escalada SalvoDocentey escritora